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    July 16

    XAVIER VILLAURRUTIA:INVENTAR LA VERDAD

    INVENTAR LA VERDAD

     

    Pongo el oído atento al pecho,
    como, en la orilla, el caracol al mar.
    Oigo mi corazón latir sangrando
    y siempre y nunca igual.
    Sé por qué late así, pero no puedo
    decir por qué será.

    Si empezara a decirlo con fantasmas
    de palabras y engaños al azar,
    llegaría, temblando de sorpresa,
    a inventar la verdad:
    ¡Cuando fingí quererte, no sabía
    que te quería ya!

    XAVIER VILLAURRUTIA: AMAR ES UNA ANGUSTIA UNA PREGUNTA.

    Amar es una angustia, una pregunta,
    una suspensa y luminosa duda;
    es un querer saber todo lo tuyo
    y a la vez un temor de al fin saberlo.

    Amar es reconstruir, cuando te alejas,
    tus pasos, tus silencios, tus palabras,
    y pretender seguir tu pensamiento
    cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

    Amar es una cólera secreta,
    una helada y diabólica soberbia.

    Amar es no dormir cuando en mi lecho
    sueñas entre mis brazos que te ciñen,
    y odiar el sueño en que, bajo tu frente,
    acaso en otros brazos te abandonas.

    Amar es escuchar sobre tu pecho,
    hasta colmar la oreja codiciosa,
    el rumor de tu sangre y la marea
    de tu respiración acompasada.

    Amar es absorber tu joven savia
    y juntar nuestras bocas en un cauce
    hasta que de la brisa de tu aliento
    se impregnen para siempre mis entrañas.

    Amar es una envidia verde y muda,
    una sutil y lúcida avaricia.

    Amar es provocar el dulce instante
    en que tu piel busca mi piel despierta;
    saciar a un tiempo la avidez nocturna
    y morir otra vez la misma muerte
    provisional, desgarradora, oscura.

    Amar es una sed, la de la llaga
    que arde sin consumirse ni cerrarse,
    y el hambre de una boca atormentada
    que pide más y más y no se sacia.

    Amar es una insólita lujuria
    y una gula voraz, siempre desierta.

    Pero amar es también cerrar los ojos,
    dejar que el sueño invada nuestro cuerpo
    como un río de olvido y de tinieblas,
    y navegar sin rumbo, a la deriva:
    porque amar es, al fin, una indolencia.